martes, 19 de noviembre de 2013

Dulcería camagüeyana La Isla, renovada y ampliada



La Isla resultó una de las dulcerías más importantes de Camagüey, que ahora retorna con nuevos y más modernos retoques, más cuando la ciudad se apresta a recibir con mayores bríos sus primeros 500 años de creada.
En un clásico guiño a las historias de corsarios y piratas, la unidad, situada en una de las calles más concurridas de la capital camagüeyana, se rebautizó con el nombre de La Isla del Tesoro, que quizá pudo ser también la del dulce tesoro de la Isla, en alusión directa a la variedad de golosinas que allí pueden degustarse cotidianamente.

El cubano, se dice, suele tener una vocación especial para el consumo de aperitivos en almíbar o con base de harina de trigo, y por eso, apenas reabierta, la instalación acoge diariamente a cientos de personas que prefieren consumir el variado menú, acompañado de maltas o refrescos, y pronto, de helados Coppelia especiales.

Ubicada en una de las franjas más populares de Camagüey, la calle Ignacio Agramonte, con sus adoquines heredados de la colonia ibérica, la dulcería tiene capacidad para alojar en un ambiente muy agradable a 32 personas, incluidas las mesas y la cancha, quienes son atendidos por un personal sumamente joven, pero con alta profesionalidad, emergidos de escuelas de formación comercial.

La instalación labora doce horas diarias, aunque en el caso de sábados y domingos, el horario es de 10:00 a.m. a 11:00 p.m., y aun cuando es muy reciente su reaparición en el mercado, ya es sumamente apreciable la afluencia de personas al lugar.

Son varios los tipos de dulce que elabora la Empresa Provincial Alimentaria, cuyas producciones se encargan de comercializar, y siempre ellos tienen en cuenta los criterios de calidad y de aquellas elaboraciones más solicitadas por los usuarios, para disponer de suficientes reservas e impedir se agoten rápidamente.

Allí también pueden consumirse refrescos de latas y embotellados de diferentes sabores, además de maltas, las que resultan una agradable mezcla, y además porque la combinación continuará creciendo con la entrada posterior del helado, todo un gancho en un país donde el calor no tiene “descanso” durante todo el año.

En una reciente visita al remozado establecimiento, el colega Gilberto Rodríguez Rivero conversó con clientes y trabajadores reposteros…

No son pocos los jóvenes que, en camino a casa, o sencillamente de paseo, hacen su estancia en la unidad, para adquirir algunas de las variedades en venta, y a precios módicos. Uno de ellos es Javier José Jiménez, de 14 años. “Casi siempre llego, ya sea para comer o para llevar algún dulce a casa, donde mis hermanos me aguardan para ver si les llevé alguno, y casi sin terminar la palabra, sonríe feliz”.

Para Berta Oropeza la reinauguración es una posibilidad de tener acceso a un alimento muy demandado por grandes y chicos en el hogar. “Cada vez que puedo paso por aquí y llego a comprar los del tipo Capitolio, que me agradan. ¡Ah!, y tampoco me podía faltar el refresco o la malta, todo en dependencia de cómo ande mi economía, aunque en sentido general todo es a precios bien accesibles”.

Dos amigas, Julia Medina y Yuritza Pérez hacen obligada escala. “Salimos del trabajo y pasamos por acá. Un día invita una y otro día la otra”, dice Julia, ante la risueña cara de Yuritza, quien afirmó que ahora sí pueden comer dulces de varios tipos y sin necesidad de afectarse mucho el ‘bolsillo’. “Acá compro cake para los fines de semana, apuntó Pérez, y tengo para brindarles a mis amistades o familiares que vayan de visita”.

Varios años de oficio tiene Rolando Riverón, maestro jefe de uno de los turnos de trabajo, que se extienden por 13 horas en el día, “aunque nosotros descansamos 24 horas, pues estamos en turnos rotativos.

“Nuestras elaboraciones, acotó, están sujetas a los pedidos que hagan los vendedores, ahora, por ejemplo, las mayores demandas la tienen los llamados Piquinini (pequeño dulce de harina que tiene una base en papel especial) muy agradables para comer con café y leche añadida, los Capitolios (tienen encima una galleta dulce sujeta a una cúpula de merengue), y los cake.

“En un futuro cercano pudiéramos agregar otros muy demandados como el vizconde (pan con almíbar y una crema de variado sabor encima), el coffee cake, pionono, rollito, brazo gitano y el cake de crema, y más adelante la pastelería de hojas.

“Hasta el momento nos sentimos satisfechos porque las opiniones que nos han llegado son favorables. Todos seguiremos trabajando para mantener la tradición de los dulceros camagüeyanos, más ahora que tenemos la competencia creciente del sector no estatal o cuentapropista”.

El regreso de una Isla con ese tesoro es todo un reto para aquellos que, a diario, pujan por impedir el aumento de peso. En verdad el reto es grande, y más si se sabe que... a quién no le gusta el dulce.

 Fotos: Leandro Pérez Pérez

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