En esta ciudad, los más
jóvenes solo lo conocían de oídas, de los cuentos que tíos o padres desempolvan
a cada rato para rememorar sus buenos tiempos. Ahora, para sorpresa y alegría
de los de cualquier edad, anda por los barrios de regreso el carrito ambulante,
con su musiquilla aguda de “cumpleaños feliz” y Elpidio Valdés por un costado,
ofertando el galón de helado, los potes de 250 y 400 gramos, el dulce de leche,
la pasta untable, y hasta a veces el bocadito de helado.
